El plebiscito está confirmado. Este plebiscito es de principios contra dinero

 

x José Sergio Barrales Domínguez

(Rector de la Universidad Autónoma Chapingo)

Debido a que el Consejo Universitario, en su sesión del lunes 27 de marzo del año 2017, definió la realización del plebiscito al Rector por 18 votos a favor y 17 en contra, y planteó la prohibición del uso de la plataforma oficial para que yo informara sobre todo lo que suceda en torno a dicho proceso democrático, tengo que utilizar esta vía de comunicación para dirigirme a la comunidad universitaria. Planteamientos de este tipo fueron hechos por el estudiante José H. Quintero Beltrán (consejero titular por el departamento de Preparatoria Agrícola) y, lo increíble, fueron apoyados por varios consejeros universitarios. También él es el autor de un acuerdo en el que se establece que cualquier acuerdo con los sindicatos que “lesione el patrimonio universitario” sólo debe ser autorizado por el Consejo Universitario, medida con la que está garantizado un conflicto frontal contra los sindicatos, lo que crea condiciones para que haya huelgas e inestabilidad al interior de la institución.

Lo preocupante es que un estudiante tan joven ya opine que los sindicatos son “un cáncer de Chapingo” y se ha expresado peyorativamente, no para señalar debilidades o mañas de un individuo, sino de toda la clase trabajadora.

José H. Quintero Beltrán ha propuesto que el Rector no controle el tiempo de participación en las sesiones del consejo, y por alguna razón que no logro identificar, se ha convertido en el que controla la computadora durante las sesiones del consejo, con lo cual cumple el papel de escribano de lo que le dicta Santos Martínez Tenorio (consejero suplente por la División de Ciencias Económico Administrativas). Otro consejero, el estudiante Meregildo Cruz Nastacio (consejero titular por el departamento de Sociología Rural), propuso que se me impidiera presidir la sesión del 27 de marzo de 2017 porque soy el rector impugnado. Este tipo de actitudes dictatoriales las he rechazado con la convicción de que un Rector no debe ser rehén de nadie, y menos de quien no tiene un respaldo académico que sea digno de emular.

En Chapingo todo puede suceder, y varios aspiramos a que ya no ocurran cosas que afecten a la comunidad, si actuamos de acuerdo a las normas y con responsabilidad. El plebiscito se aprobó sin que los doctores que lo solicitan, tales como Raúl Nieto Ángel (profesor del departamento de Fitotecnia), Jorge Ocampo Ledesma y Luis Llanos Hernández (ambos profesores del área de Ciencias Sociales del departamento de Preparatoria Agrícola), fuesen capaces de fundar sus argumentos, incluso ante la petición expresa de un consejero que solicitó durante la sesión que el profesor Llanos expusiera ante el pleno del consejo los motivos de su petición de plebiscitar al rector. No está de más decir que el profesor Llanos se negó rotundamente. Ahí quedó evidenciada su deshonestidad. El segundo, ausente en la sesión, solo se ha limitado a publicar un documento que se distribuyó entre la comunidad el día 28 de marzo del año 2017, en el que afirma que mi administración “tiene estancada a la Universidad”, lo cual es una opinión subjetiva, sin ninguna base documental. Ante esa falta de argumentos, ahora entiendo por qué el Consejo Universitario tardó tanto tiempo en permitirme informar al pleno, al discutir un derecho humano fundamental que está garantizado en la Constitución Política de México que, por cierto, este año cumple cien años.

Aunque el Consejo Universitario en los últimos años ha dejado mucho que desear, existen consejeros universitarios que, sin dejar de lado su papel crítico, han mostrado altos niveles de respeto. Otros se han atrevido a burlarse de la figura del rector, tal como lo hizo Magdalena Sánchez Astello (consejera titular por el departamento de Irrigación) quien, ante una opinión que fue de su agrado, no tuvo empacho en aplaudir sola, frente a un Partenón casi lleno. La envidia, el dolo, la vulgaridad, hacen que la actuación de un consejo universitario transforme fácilmente al recinto universitario en un teatro de revista. Eso sí, por fortuna nadie la siguió en su ocurrencia.

Me he preguntado por qué tanta insistencia del consejero universitario Alejandro Reyes Guerrero (consejero titular por el tercio de la comunidad) quien señala con insistencia que la inseguridad se ha enseñoreado al interior de Chapingo, como si fuera nuestra forma cotidiana de vida. Creo que el problema radica en que, al parecer, a este doctor lo asaltaron hace años, robándole el dinero que la institución le dio para un viaje de estudios. Lamento mucho que le hayan robado, pero miente cuando dice que soy el responsable de la inseguridad en la universidad, ya que cuando le sucedió, yo no era Rector. Lamento también no haber impedido que a su esposa (funcionara en el tiempo en que él manejaba los recursos humanos) también le robaran dinero que pertenecía a la universidad. Entiendo que el problema es añejo, aunque no me libera de la responsabilidad que tengo de evitar estas situaciones en la actualidad.

Ayer, de nueva cuenta aparece otro problema de intoxicación de estudiantes. Me han preguntado en reuniones donde informo sobre el comedor, si con las adecuaciones al mismo y con el equipamiento que ahora se tiene, se evitarán las filas para entrar al comedor, así como las intoxicaciones de alumnos tan presentes a lo largo de la historia chapinguera (en rectorados anteriores, incluso). Les digo que no. Las largas filas se deben a que el comedor central, que fue planeado para 400 comensales, ahora es utilizado en momentos pico por más de cinco mil. Creo que la única alternativa para solucionar ese problema es la construcción de otro comedor, que no ha sido posible iniciarlo por la falta de espacio al interior de la Universidad. Aquí el terreno ya tiene dueño y ha sido difícil encontrar un espacio disponible para su construcción, tal como sucedió con La Meche, un proyecto que significa la derrota de Jorge Ocampo Ledesma y Luis Llanos Hernández, que se opusieron al mismo. El proyecto del nuevo comedor sigue vigente y esperemos dejarlo construido en un lugar que deje satisfechos a todos.

Respecto al comedor, si ya se tienen condiciones de trabajo más favorables, si se tiene el equipo adecuado y si se está capacitando a la gente para el manejo de materia prima y elaboración de alimentos, una contingencia sanitaria sólo se podría presentar por errores humanos o por la mala voluntad de un individuo, que lamentablemente también la hay. Para muestra un botón: el día de la reapertura del comedor, un trabajador azotaba sin piedad las charolas para generar ruido y afectar la explicación. Al sugerirle moderarse reaccionó haciendo más intenso su movimiento y con ello más ruido. La intención de provocar daño en la salud a los estudiantes, es posible.

Respecto a la “contingencia sanitaria” de ayer, llama la atención que, cuando apenas se estaba conociendo el problema, un grupo de estudiantes del Consejo General de Representantes (CGR) ya estaban voceando por todo el campus universitario llamando a una asamblea urgente para exigir que las autoridades dieran una explicación. Cuando al medio día me informaban que había 10 estudiantes en la unidad médica con problemas de diarrea, sin dolores intensos ni fiebre, ellos ya voceaban que eran doscientos estudiantes enfermos, muy graves y que urgía reunirse para quitar al “inepto rector”.

Con la reapertura del comedor central, también se incorporaron procedimientos para la elaboración de alimentos y protocolos de seguridad para ello. Frente a este brote de “intoxicación” o como se le quiera llamar, se aplicó uno que consiste en realizar varios análisis químicos en muestras de comida, que ahora se guardan por 48 horas, y en desechos de los enfermos. Hasta el momento, se puede asegurar que no se identificó ningún agente biótico como causal del malestar a los estudiantes enfermos, y si, en cambio, se detectó la presencia de un compuesto químico llamado lactulosa que es utilizado como laxante. Si se confirma que esta es la causa del problema se estará hablando ya de una situación muy delicada para la institución, porque esto sería un atentado contra los estudiantes. Si alguien está involucrado en una situación de ese tipo, deberá saber que está cometiendo un acto delictivo de alto nivel, y será tratado como tal.

Por lo pronto, el plebiscito va y probablemente se realice los días 5 y 6 de abril, como lo propone Santos Martínez Tenorio, quien piensa que con prisas y maniobras para impedir que yo informe a la comunidad universitaria, la salida del rector será más fácil. Varios consejeros, cómplices de los profesores que reunieron las firmas con engaños, están convencidos de que con impedirme informar a los universitarios antes del plebiscito, su victoria está asegurada. Lo que no quieren entender es que su desprestigio entre los alumnos y maestros es una fuerza que puede ayudar a la comunidad a decidirse a impulsar un cambio radical al interior de la universidad. Lo lúdico de este proceso es que actúan con frivolidad. Comentan que si ya existió un rector electo dos veces… ¿por qué no también existe un rector interino impuesto dos veces? Interesante, muy interesante ¿no?

La situación se está enturbiando demasiado. Ayer como a las seis de la tarde me encontré con el grupo de estudiantes que voceaban para invitar a la asamblea, quienes entorpecían el paso, y me detuve atrás de ellos. Aprovecharon para elevar la voz y con coraje anunciaron que había ahí una camioneta oficial de los incapaces para hacer un proyecto de remodelación del comedor. No estoy seguro si fue la mejor decisión la de evadir una confrontación o no, pero ya tenía reunión como parte de mi agenda del día. Creo tener capacidad de respuesta para este tipo de actos de intimidación, pero preferí ser lo más prudente posible para evitar cualquier situación incorrecta y de inestabilidad al interior de la universidad.

Confío que es mejor seguir mi camino en la defensa de la institución, y facilitar que ellos sigan el suyo en su lucha por apropiarse de los recursos de la universidad.

Chapingo, México a 30 de marzo de 2017

 

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