¿Qué le espera a Idlib?

x Leila al Shami

El régimen sirio está decidido a reconquistar todo el territorio que ha perdido. Ayudado por bombarderos rusos y tropas iraníes, y envalentonado tras haber conseguido aterrorizar a las poblaciones de Guta y Daraa hasta someterlas, el gobierno del presidente Bashar al Assad ataca ahora Idlib, la última provincia que permanece fuera de su control. Idlib alberga a unos tres millones de personas, la mitad de ellas desplazadas o evacuadas por la fuerza a la provincia desde otros lugares. Son muchas las que están hacinadas en campamentos insalubres o durmiendo al aire libre.

Desde hace días las tropas del régimen se han concentrado en la frontera de Idlib y han lanzado octavillas en las zonas residenciales pidiendo a los sirios que acepten la “reconciliación” o que se atengan a las consecuencias. Al mismo tiempo, Rusia ha estado enviando refuerzos a su base naval en Tartus.

La troika siria –Rusia, Irán y Turquía– designó Idlib como “zona de desescalada” el año pasado. Pero lo que ocurra allí podría debilitar el acuerdo del que se han beneficiado los tres países hasta ahora.

A quien verdaderamente beneficia la desescalada en Idlib es a los intereses turcos: mantiene a los kurdos sirios y al régimen de Assad lejos de la frontera, preserva la relevancia de Turquía para un acuerdo a largo plazo, y confina a los sirios que de otro modo intentarían unirse a los 3.5 millones de refugiados que ya están en Turquía. Turquía ha dado muestras de su compromiso estableciendo puestos de observación en toda la provincia y creando el Frente de Liberación Nacional, una amalgama del Ejército Libre y milicias islamistas que siguen las órdenes turcas. Rusia e Irán, por otro lado, siempre han visto las zonas de desescalada como tácticas y temporales. Al igual que cayeron Daraa y Guta, esperan que Idlib vuelva al control de Assad.

El régimen sirio y sus aliados justifican su inminente ataque a Idlib afirmando que quieren erradicar yihadistas. Hay’at Tahrir al Sham, liderado por el Frente Nusra (vinculado con Al Qaeda), domina alrededor del 60% de la provincia y cuenta con unos 10 mil combatientes, según el enviado especial de Naciones Unidas a Siria, Staffan de Mistura. Las descripciones reiteradas de Idlib como un “semillero terrorista” apoyan la narrativa del régimen de que toda oposición a su gobierno consiste en grupos terroristas. Y exime a la comunidad internacional de cualquier responsabilidad de proteger a los civiles.

Pero esta caracterización de la provincia es inexacta. La gente de Idlib ha estado a la vanguardia de la lucha contra Hay’at Tahrir Al Sham (HTS). Desde que la provincia fue liberada del régimen –parcialmente en 2012 y luego completamente en 2015– muchos de sus ciudadanos y ciudadanas se han implicado en la construcción de una sociedad libre que refleje los valores de la revolución. Según se ha documentado, en la provincia se han creado más de 150 consejos locales para administrar servicios básicos; muchos han celebrado las primeras elecciones libres en décadas. La sociedad civil, por tanto tiempo reprimida, ha sido testigo de un renacimiento. Se han creado medios independientes, como la popular Radio Fresh, para poner en jaque al monopolio del régimen sobre la información. Se han expandido centros de mujeres desde donde se han empoderado para participar en la política y en la economía.

HTS ha puesto en peligro estas conquistas duramente ganadas. El grupo ha intentado infiltrarse entre la población local. Desde la caída de Alepo en 2016 ha intensificado sus intentos de imponer su ideología tomando el control de instituciones locales y estableciendo tribunales de la Sharia. Ha sido despiadado con sus oponentes. En diciembre arrestó a cuatro destacados activistas desplazados a Idlib desde Madaya, acusándolos de “informar contra HTS”. Raed Fares, uno de los fundadores de Radio Fresh, sobrevivió a un intento de asesinato, al igual que Ghalya Rahal, cofundadora de la Organización Mazaya, que administra ocho centros de mujeres. Los enfrentamientos entre HTS y otros grupos rebeldes han dejado muchos muertos civiles, y la avalancha de asesinatos y secuestros para obtener un rescate han dejado a la población local inerme e indignada.

Los sirios no han arriesgado sus vidas ni se han rebelado contra la dictadura de Assad para reemplazarla por otra. Muchos consejos locales emitieron declaraciones de rechazo de la autoridad de HTS en el gobierno local o declararon su neutralidad en los combates entre grupos rebeldes. Cientos de activistas locales coordinaron la oposición al control de HTS y pidieron la desmilitarización de sus comunidades a través de campañas en medios de comunicación y en manifestaciones públicas. Reemplazaron valientemente la bandera yihadista negra por la bandera de la revolución. En abril los trabajadores sanitarios se manifestaron contra las luchas internas y los secuestros. Las mujeres se organizaron contra los edictos discriminatorios de HTS, como el de la imposición de estrictos códigos de vestimenta o el que exige que las viudas vivan con un familiar varón.

La reconquista del régimen de Guta, Daraa y otras áreas ha estado acompañada de graves violaciones de los derechos humanos. Las detenciones de personas que se presumía disidentes fueron masivas. Los hombres fueron reclutados en el ejército del régimen por la fuerza. A muchos se les obligó a firmar documentos comprometiéndose a no participar en protestas ni actividades contrarias al régimen y se les presionó para obtener información sobre grupos rebeldes. Periodistas, trabajadores humanitarios y activistas de la oposición viven atemorizados como blanco que son.

La reconquista de Idlib conducirá sin duda a las mismas consecuencias. El activismo civil que opera abiertamente será aplastado y los prometedores experimentos democráticos, erradicados, dejando que los extremistas operen a plena luz.

Si bien una sociedad civil fuerte es una de las mejores defensas contra la propagación del extremismo, las campañas de bombardeos y de terror del régimen pueden hacer que se imponga la adhesión popular a los grupos yihadistas. Y a pesar de ello, los principales donantes de la sociedad civil siria, Estados Unidos y Gran Bretaña, están retirando fondos a las organizaciones sirias de Idlib por temor a que caigan en manos de terroristas. Dada la enormidad de la crisis humanitaria que muy posiblemente se desate, es probable que la retirada de la tan necesaria asistencia agrave aún más el sufrimiento de la población civil.

Lo peor de todo es que existe un creciente consenso internacional a cerca de que el régimen es la mejor solución para la devastación que él mismo ha provocado. La comunidad internacional está cambiando su enfoque sobre la reconstrucción rehabilitando al régimen, recompensando así a los responsables de la devastación del país y presionando a los refugiados para que regresen a un país donde su seguridad dista mucho de estar garantizada.

La gente de Idlib sabe que probablemente será abandonada a un destino similar al de sus compatriotas en Daraa y Guta. Aumenta la indignación ya profundamente enraizada, por la traición de las supuestas potencias democráticas. Los residentes perciben que quienes favorecen la “estabilidad” a cualquier precio consideran que su continua resistencia es ya un inconveniente. Pero el retorno al control del régimen sobre Idlib no conducirá a la paz y mucho menos a la estabilidad. Erradicará la alternativa democrática a la tiranía dejando a los yihadistas, que medran en la violencia, la opresión y la ocupación extranjera, como el último bastión que engendre una amenaza para la región y el mundo a largo plazo.

La Campaña Siria ha puesto en marcha una iniciativa de crowfounding para que Radio Fresh pueda seguir emitiendo. Aquí elenlace .

Fuente: https://leilashami.wordpress.com/2018/09/05/what-next-for-idlib/

Traducción para Rebelión de Loles Oliván Hijós.

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