La soledad de los mesías y la (¿auto?)crítica pendiente

x Andreas Arroyo

No cabe duda de que muchos de los relatos que llegan hasta nuestros días han sido elaborados siguiendo siempre una estructura muy definida, proveniente de aquel gran relato mítico que explicaba la génesis y la historia de toda la humanidad a través del acto de la creación, la caída y la redención.

El relato judeocristiano tuvo que acudir a una figura que conectaba la infinita misericordia de dios y la posibilidad de redimir la condición miserable de los seres humanos: el mesías. En la figura del mesías acontece la única posibilidad de la salvación. Sin él, ésta no puede existir, pues es el único que, debido a su condición divina y terrenal, puede redimir a la humanidad del pecado de la “caída” e instaurar el reino del cielo en la tierra. Víctima y mártir, el mesías predicaba y pretendía traer “la verdad” de dios a la tierra, para, de ese modo, liberar de la ignorancia a los hombres y fundar una gran comunidad guiada por el amor. Sin embargo, curioso fue el fin que tuvo, después de ser alabado y reconocido por todo un pueblo, al que, según se dice, convenció de su estatuto de soberano judío, a través de enseñanzas y milagros, terminó crucificado por mandato popular, solo y condenando a los ejecutores por no saber lo que hacían.

Lo interesante es que, al igual que el relato judeocristiano fundante, parecen existir procesos y movimientos sociales de izquierda, pretendidamente revolucionarios que, consciente o inconscientemente, reactualizan dicho guión.

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De buenos deseos, coyunturas y realidades: México 2018, elecciones y fragmentaciones (parte III)

x Ricardo Armando Flores* y Viridiana Alarcón

En las primeras dos entregas de esta serie de artículos hemos analizado los horizontes en los que se mueven las izquierdas en México frente a la pregunta: ¿qué se juega en las elecciones en general? Asimismo, nos enfocamos al análisis de los dos sectores que definimos como antielectoral y electoral y sus posicionamientos frente a la pregunta antes referida. En la presente entrega, intentaremos trazar, sin caer en ejercicios escolásticos, los posibles escenarios a los que se enfrentará el movimiento social y popular después de las elecciones, es decir, las posiciones políticas que enarbolarán, como resultado de su inclusión en alguno de los dos sectores que ya hemos analizado, aunque, de entrada, pondremos un poco más énfasis en las posiciones del sector antielectoral. Comencemos.

¿Retembló algo?

Queremos señalar algunos puntos de lo que significó el intento del Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de figurar, aunque fuese simbólicamente en la boleta electoral de las elecciones presidenciales del próximo 1º de julio. Pues, a pesar de haber llamado a sus simpatizantes e interesados a compartir sus valoraciones al respecto, parece que muy pocos o casi nadie lo hizo (o al menos aún no se hace público).

Después del sonoro, pero silenciado, fracaso de la recolección de firmas para la candidatura independiente de María de Jesús Patricio Martínez “Marichuy”, impulsada por el CNI-EZLN, aderezado por el misterioso silencio de la comandancia zapatista durante por lo menos un mesi, los hechos saltan a la vista. Es decir, nuevamente, el EZLN anunció con bombo y platillo que cimbraría al sistema político mexicano y, nuevamente, no pudo abrir esa ansiada grieta en el muro del sistema, no hizo retemblar en sus centros la tierra: ni tembló ni retembló. Eso sí, la campaña de recolección de firmas vino a comprobar lo que ya habíamos dicho anteriormente: la existencia del poco o nulo trabajo político entre la gente de “abajo y a la izquierda” a la que dicen representar y con la que pretenden organizarse.

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Derrotarse sin subir al ring. Extraña táctica del Subcomandante Marcos…

x Guillermo Fabela Quiñones
El hoy llamado subcomandante Galeano da por sentado que “el capital va por todo y no va a permitir Lulas, ni Dilmas, ni Kirchner, ni Correas, ni Evos ni López Obrador, ni como se llame cualquier cosa que ofrezca un respiro”. Entonces, es válido preguntar: ¿qué caso tiene pues acudir a las urnas a votar si las élites del poder están dispuestas a no permitir el triunfo de las clases mayoritarias? Tal declaración puede interpretarse como una invitación a que la ciudadanía que quiere un cambio se abstenga de votar, no vale la pena porque será un esfuerzo inútil.Una actitud así favorece a la élite gobernante, pues le evita el trabajo de fabricar un fraude que en las condiciones actuales sería muy complicado si los votantes acuden a sufragar en masa, sin miedo a las represalias ni amenazas de los patrones y del gobierno. Si la intención de la cúpula propietaria de los grandes monopolios de México es no permitir que el abanderado de Morena llegue a la Presidencia; si tiene la voluntad y la firmeza de llevar a cabo una elección de Estado, por eso mismo es un imperativo votar masivamente, a la par que se organiza la ciudadanía para asegurar que no se cometa un fraude.
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De buenos deseos, coyunturas y realidades: México 2018, elecciones y fragmentaciones (parte I)

x Ricardo Armando Flores y Viridiana Alarcón

 Las coyunturas electorales despiertan fantasías y desempolvan proyectos añejos. Aunque, quizás, y con mayor exactitud, también nos permiten tomar el pulso de la conciencia política de una sociedad. En todas partes en donde impera la “democracia”, las coyunturas electorales revelan el conflicto entre los diversos proyectos políticos que disputan los espacios estatales para su realización.

En México, patio trasero y fosa común del capital trasnacional (legal e ilegal), las coyunturas electorales destapan y crean viejas disputas, nuevas alianzas, sorpresas surreales y, además, ejecuciones extrajudiciales o desapariciones forzadas. Basta con hacer un recuento de las últimas tres elecciones en México para percatarse cómo la izquierda, tanto institucional como aquella “revolucionaria”, se define a partir de dichas coyunturas. No hay grupo, colectivo, “partido”, liga, organización o grupo armado que defina sus estrategias, a corto o mediano plazo, sin considerar que aproximadamente 83 millones de mexicanos están llamados a votar cada seis años en las elecciones presidenciales.

Pero ¿qué se juega en las elecciones en general? Frente a esta pregunta se definen los horizontes en los que se mueven las izquierdas en México. Veamos.

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