De buenos deseos, coyunturas y realidades: México 2018, elecciones y fragmentaciones (parte II)

Ricardo Armando Flores y Viridiana Alarcón*

En la primera entrega de esta serie de artículos, nos propusimos analizar los horizontes en los que se mueven las izquierdas en México frente a la pregunta: ¿qué se juega en las elecciones en general? En esta segunda entrega, nos enfocaremos al análisis del sector que hemos definido como electoral y su posicionamiento frente a la pregunta antes referida. Comencemos.

 El sector electoral

Es un secreto a voces que para ciertos grupos, organizaciones o partidos de la así llamada “oposición” o de “izquierda”, las elecciones significan la posibilidad de negociar algunas prebendas a cambio de “estabilidad” social y política. Los líderes de estas organizaciones negocian cotos de poder, presupuestos, licitaciones, puestos municipales o estatales, incluso a veces, federales, a cambio del voto de sus agremiados.

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Leyes para la dictadura, dictadura en beneficio del Capital

x OLEP/Fragua

Este año estará marcado por la nueva elección presidencial en nuestro país. Una vez más el pueblo mirará y escuchará hasta el hartazgo discurso tras discurso y promesa tras promesa en la radio, la televisión y hasta el cine “para variar”.

Sin embargo, esta elección tiene cosas nuevas no vistas en nuestro país desde hace muchos años: nos referimos a la aprobación y expedición de la Ley de Seguridad Interior (LSI). A finales del 2017 el poder legislativo con el PRI y el PAN a la cabeza y el representante del poder ejecutivo aprobaron y expidieron una ley para garantizar el fraude electoral.

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Estado de México 2017: Otro fraude electoral

x Ramón Magaña
Uno más. El primero a Morena, el tercero contra la figura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Un grano de arena más en las playas fraudulentas de la historia nacional. Procedimiento por el cual las clases oligárquicas se han perpetuado en el poder casi desde la fundación de la República, desde aquellos tiempos en que don Porfirio Díaz se proclamaba presidente con el 99% de la votación a favor o, por ejemplo, a mediados del siglo XX, cuando el PRI financiaba a los partidos opositores para que durante las jornadas electorales diera la impresión de que había distintas opciones para el electorado mexicano, hasta los días que corren, en que se echa a andar la maquinaria de compra de votos, intimidación violenta a la oposición, se coloca como funcionarios electorales a miembros de bajo perfil del mismo grupo en el poder y se controlan los principales medios de comunicación convencionales para mojar la brocha con la que se pinte un nuevo atentado a la democracia mexicana.

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