Bolivia, laboratorio de una nueva ‎estrategia de desestabilización

x Thierry Meyssan

La prensa internacional nos relata con parsimonia los acontecimientos de Bolivia. ‎Describe el derrocamiento del presidente Evo Morales, señala que es un enésimo golpe ‎en la historia de ese país, pero no logra entender lo que realmente sucede. No percibe ‎el surgimiento de una nueva fuerza política, hasta ahora desconocida en Latinoamérica. ‎Thierry Meyssan señala que si las autoridades religiosas del continente no asumen ‎inmediatamente sus responsabilidades, nada podrá impedir la propagación del caos.‎


El 14 de octubre de 2019, el presidente Evo Morales anunciaba, en entrevista concedida a la ‎televisora GigaVisión, que tenía en su poder grabaciones que demostraban que personalidades de ‎la extrema derecha y ex militares estaban preparando un golpe de Estado en previsión de que ‎él volviera a ganar la elección presidencial [1].‎

Pero lo que sucedió no fue un golpe de Estado militar sino el derrocamiento del presidente ‎constitucional. Nada permite pensar que el nuevo régimen sea capaz de estabilizar el país. ‎Estamos viendo el inicio de un periodo de caos. ‎

Los motines iniciados el 21 de octubre, y que llevaron al presidente y al vicepresidente de la ‎República, a la presidente del Senado, al presidente de la Cámara de Diputados y al vicepresidente ‎del Senado a dimitir uno tras otro, no cesaron con la entronización de Jeanine Áñez, la segunda ‎vicepresidente del Senado, el 12 de noviembre. El partido político de la señora Áñez, el ‎Movimiento Demócrata Social, sólo cuenta con 4 diputados y senadores de un total de 130. Y ‎su decisión de instaurar un nuevo gobierno sin representantes de los pueblos originarios (pueblos ‎que los occidentales llamarían “indígenas”) llevó a los miembros de esos grupos étnicos a lanzarse ‎a las calles, en lugar de los grupos de matones que habían sacado del poder al gobierno del ‎presidente Evo Morales. ‎

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Óscar Ugarteche Galarza: «China ha elegido Latinoamérica para cambiar la matriz energética»

x Dabid Lazkanoiturburu

Óscar Ugarteche Galarza (Lima, 1949), es economista en la UNAM de México. Escritor e investigador de larga trayectoria y extenso currículum, desbroza el papel de China en la economía-mundo y, en concreto, en el continente latinoamericano.

Oscar Ugarteche Galarza ha aprovechado su reciente estancia en Euskal Herria –de la mano del Observatorio de Multinacionales en América Latina y de la Asociación Paz con Dignidad (Bakea eta Duintasuna Elkartea)– para bucear en los evidentes orígenes de sus ancestros: Erandio para los Ugartetxe y Aretxabaleta para los Galarza.

Usted sostiene que China lidera el cambio energético.

El Gobierno chino introdujo en 2012-2014 un conjunto de leyes para sustituir las termoeléctricas y el petróleo por energías limpias y renovables.

Sin obviar su apuesta nuclear –tiene ya 19 reactores y esta construyendo otros 19–; en cuanto a las renovables, impulsa la energía solar. Su plan es llenar China de parques solares como el que tiene en Macao, de 28 kilómetros cuadrados. Además, fabrica y exporta paneles solares, que cuestan 42 dólares menos que los americanos. La guerra comercial comenzó con aranceles a esos paneles solares.

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La disputa por el litio

Punto Final

En 1998 el precio de la tonelada de litio alcanzaba los 1.770 dólares; en 2009, superaba los 6.000 dólares; hoy, se empina por sobre los 7.600 dólares y sigue subiendo. En 2008, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, USGG, se produjeron en el mundo 27.400 toneladas de litio; en 2015, se llegó a las 32.500 toneladas y se espera que en 2020 se alcancen 60.000. El mismo USGG afirma que las reservas mundiales son cerca de 10 millones de toneladas y que más del 80 por ciento están en Chile, Bolivia y Argentina.

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