El derrocamiento de Evo Morales y la primera guerra del litio

x Thierry Meyssan

Desde finales del siglo XIX, el mundo se había acostumbrado a las guerras del petróleo. ‎Pero ahora comienzan las guerras del litio, que es un mineral fundamental para la fabricación de ‎teléfonos celulares… y también para la de automóviles eléctricos. Un historiador y ‎un periodista británicos lograron obtener una serie de documentos del Foreign Office –‎el ministerio de Exteriores del Reino Unido– que demuestran que Londres organizó ‎de punta a cabo el derrocamiento del presidente de Bolivia, Evo Morales, para ‎apoderarse de las reservas de litio de ese país. ‎

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Entrevista a Álvaro García Linera. «El progresismo latinoamericano no es un proyecto acabado»

x Julian Bilmes

Álvaro García Linera es un reconocido intelectual y exvicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia (2006-2019) acompañando a Evo Morales. Siguiendo la línea de anteriores entrevistas en este espacio, se conversa en esta charla (previa a la rotunda victoria del MAS en las recientes elecciones presidenciales bolivianas) por la exitosa experiencia de desarrollo nacional y social del “Proceso de Cambio”, logros y obstáculos de las nacionalizaciones de recursos estratégicos y la apuesta por la industrialización de los mismos. También, acerca de los alcances del poder estatal y las perspectivas pospandemia

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La usurpadora boliviana no tiene quien la escriba

x Ollantay Itzamná

Gabriel García Márquez, en 1961, en su obra: “El Coronel no tiene quién le escriba”, describió las penurias y adversidades que vivió un Coronel retirado, luego de librar la Guerra de los Mil Días, en la Costa Atlántica colombiana, esperando un correo con el cheque de su jubilación que jamás llegó.

En su situación de carestía total, el Coronel centra sus esperanza en el gallo de pelea que su hijo le heredó. Alimenta, incluso con sus últimos centavos al gallo de pelea que espera pelear y ganar algún día…. En la última parte de la novela, ante la pregunta recriminatoria de su esposa Úrsula: ¿Qué comeremos si el gallo pierde la pelea?, el Coronel responde: entonces comeremos mierda.

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Bolivia, elecciones 2020, ¿Por qué el MAS opta por Arce y Choquehuanca?

x Ollantay Itzamná

El Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP), organización política que desde 2005 hasta el 2019 mantuvo en la presidencia de Bolivia al binomio Evo Morales-Álvaro García, acaba de anunciar que el ex Ministro de Economía Luis Arce y el ex Canciller David Choquehuanca serán sus candidatos a la presidencia y vicepresidencia respectivamente para las elecciones generales del próximo 3 de mayo.

¿Cuáles son las posibles razones para optar por este binomio?

La apuesta principal e inmediata del MAS es derrotar en las urnas a la dictadura cívico-cristiano-militar surgida a raíz del golpe de Estado del 10 de noviembre pasado.

Para esta apuesta, el MAS busca encarar técnicamente la ineptitud del manejo económico que hace el actual régimen dictatorial con los envidiables resultados económicos obtenidos durante el gobierno de Evo Morales, cuando Luis Arce fue Ministro de Economía.

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Bolivia, el derecho a la rebelión y las milicias armadas

x Ollantay Itzamná

El derecho a la rebelión es la facultad que asiste a todo pueblo para autoprotegerse de la tiranía. Este derecho es más antiguo que la noción del Estado moderno o Estado de Derecho.

En la Edad Media, algunos escolásticos (Francisco de Suárez, entre ellos) lo argumentaron incluso como tiranicidio. Es decir, teológicamente estaría incluso justificado asesinar a la tirana o al tirano en aras de preservar la soberanía popular.

En la Modernidad, la Revolución Francesa consagró la rebelión popular como un derecho humano fundamental. De este modo, en el actual y diverso constitucionalismo latinoamericano, el derecho a la rebelión que asiste a los pueblos amenazados o afectados en sus derechos básicos está incorporado como en el caso de Venezuela, Ecuador. En otros casos aparece como “derecho a la resistencia” (caso Guatemala, por ejemplo).

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Bolivia, Golpe de Estado y los analistas políticos

x Ollantay Itzamná

Las y los analistas políticos bolivianos, en su gran mayoría, aún padecen la resaca del búmeran de sus análisis inmediatos sobre lo ocurrido en Bolivia el 10 de noviembre pasado. A aquella intervención cívico-militar contra un Gobierno constitucional denominaron “sucesión constitucional” (incluso contra los contenidos de la Constitución Política de Bolivia).

La opinión internacional, diccionario en mano, les explicó que aquel suceso era un “Golpe de Estado”, pero la gran mayoría de analistas bolivianos, se enfrascaron en el iluso eslogan de: “un movimiento cívico/citadino espontáneo derrocó desde las calles al gobierno de Morales”·

Pasan los días, y muy a pesar que la prensa nacional corporativa (privada y pública bajo el control del actual gobierno usurpador) derrocha tinta, papel y tiempo para repetir que “en Bolivia no hubo Golpe de Estado”, los principales actores del Golpe de Estado confiesan con sus actos y palabras que lo que ocurrió en aquel país suramericano, el 10N último, fue un Golpe de Estado para evitar la reelección presidencial de Evo Morales.

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El Ministro Murillo tiene plan de intervención de la embajada de México en Bolivia

x Ernesto Reyes

Un grupo de operaciones especiales de la Policía boliviana, vinculado al Ministerio de Gobierno, se encuentra afinando un plan de intervención en la embajada de México durante las fiestas de fin de año, para proceder a la detención de las nueve exautoridades del Gobierno de Evo Morales que se encuentran asiladas desde el 10 de noviembre en esa legación diplomática.

Las fuentes que hicieron conocer este riesgo inminente, altamente cercanas a Palacio Quemado, manifestaron que la propuesta de intervención de la embajada mexicana es del ministro de Gobierno, Arturo Murillo, quien considera –según lo conocido- que la presencia de asilados afecta la imagen del gobierno de la presidenta de facto Jeaninne Añez, en su “rol de pacificación del país”, y de que se debe sentar precedente del principio de autoridad.

Una de las que se opone a la extrema medida es la canciller Karen Longaric, una académica de reconocido prestigio que es partidaria de sujetarse lo más estrictamente posible a los tratados y convenios de las Naciones Unidas y que forman parte del derecho internacional, aunque al mismo tiempo –la autoridad del gobierno de facto- poco hizo para que se otorguen salvoconductos a los asilados.

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Bolivia, la usurpadora no se irá por las urnas, ni a las buenas

x Ollantay Itzamná

En cerca de 14 años de esfuerzo ejemplar, el país se había constituido en un modelo de crecimiento económico regional. Pero, ahora, en cuestión de días de tiranía, Bolivia se está convirtiendo en un “país de la vergüenza” por la vulneración premeditada de los derechos humanos, y destrucción/involución institucional.

Jeaninne Añez, quien usurpa el poder rompiendo todo el proceso de la sucesión constitucional (no fue presidenta de ningún Órgano del Estado, ni hubo dos tercios de parlamentarios para su designación, mucho menos el Congreso aceptó la renuncia forzada de Evo Morales), se hizo del poder bajo la promesa de “convocar a elecciones libres y transparentes” antes del 22 de enero próximo, pero ya falta apenas un mes concluir el período constitucional del gobierno defenestrado, y aún no hay fecha para elecciones, y la usurpadora se afianza en el poder.

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Bolivia, laboratorio de una nueva ‎estrategia de desestabilización

x Thierry Meyssan

La prensa internacional nos relata con parsimonia los acontecimientos de Bolivia. ‎Describe el derrocamiento del presidente Evo Morales, señala que es un enésimo golpe ‎en la historia de ese país, pero no logra entender lo que realmente sucede. No percibe ‎el surgimiento de una nueva fuerza política, hasta ahora desconocida en Latinoamérica. ‎Thierry Meyssan señala que si las autoridades religiosas del continente no asumen ‎inmediatamente sus responsabilidades, nada podrá impedir la propagación del caos.‎


El 14 de octubre de 2019, el presidente Evo Morales anunciaba, en entrevista concedida a la ‎televisora GigaVisión, que tenía en su poder grabaciones que demostraban que personalidades de ‎la extrema derecha y ex militares estaban preparando un golpe de Estado en previsión de que ‎él volviera a ganar la elección presidencial [1].‎

Pero lo que sucedió no fue un golpe de Estado militar sino el derrocamiento del presidente ‎constitucional. Nada permite pensar que el nuevo régimen sea capaz de estabilizar el país. ‎Estamos viendo el inicio de un periodo de caos. ‎

Los motines iniciados el 21 de octubre, y que llevaron al presidente y al vicepresidente de la ‎República, a la presidente del Senado, al presidente de la Cámara de Diputados y al vicepresidente ‎del Senado a dimitir uno tras otro, no cesaron con la entronización de Jeanine Áñez, la segunda ‎vicepresidente del Senado, el 12 de noviembre. El partido político de la señora Áñez, el ‎Movimiento Demócrata Social, sólo cuenta con 4 diputados y senadores de un total de 130. Y ‎su decisión de instaurar un nuevo gobierno sin representantes de los pueblos originarios (pueblos ‎que los occidentales llamarían “indígenas”) llevó a los miembros de esos grupos étnicos a lanzarse ‎a las calles, en lugar de los grupos de matones que habían sacado del poder al gobierno del ‎presidente Evo Morales. ‎

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Relato de un golpe racista cocinado durante meses

x Soledad Domínguez

Nueve días después de la renuncia forzada de su presidente constitucional Evo Morales, Bolivia se duele de 28 muertos y 750 heridos por bala. El conteo incluye las seis personas muertas este 19 de noviembre de 2019 en la zona de Senkata (ciudad de El Alto), y también los tres miembros de las facciones cívicas opositoras que murieron en choques entre ‘cívicos’ y ‘oficialistas’ a partir del 21 de octubre tras las elecciones presidenciales. Entre los muertos también se cuentan dos policías: uno fallecido en un accidente de moto en medio de una operación represiva, y otro recientemente fallecido, en el hospital, como secuela de la golpiza que recibiera de manos de una multitud.

La mayoría de las víctimas —todas o casi todas— es gente pobre. Los demás murieron en acciones punitivas combinadas del ejército y la policía, por el hecho de salir a las calles a exigir la renuncia de la actual presidenta de facto.

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