Siria: Estados Unidos, de vuelta

x La Jornada

Estados Unidos realizó el jueves ataques aéreos en un punto de control fronterizo entre Siria e Irak. De acuerdo con el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH, opositor al gobierno de Bashar al Assad), los bombardeos dejaron al menos 17 muertos y destruyeron tres camiones de municiones entre milicias que apoyan a Damasco.

El portavoz del Pentágono, John Kirby, emitió un comunicado en el que reivindica el ataque, informa que fue efectuado por órdenes del presidente Joe Biden, y asegura que “esta ofensiva fue autorizada en respuesta a los recientes ataques contra el personal estadunidense y de la coalición en Irak, y a las continuas amenazas a ese personal”, en referencia a la muerte de un contratista civil y las heridas sufridas por un militar estadunidense el 15 de febrero en la ciudad iraquí de Erbil. El ministerio de Relaciones Exteriores sirio calificó los bombardeos como una agresión contra su país, y sostuvo que “constituye un signo de mal augurio sobre las políticas de la nueva administración estadunidense», que amenaza con llevar a una nueva escalada los enfrentamientos en la región.

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El apartheid sanitario israelí y la metáfora ‘kibbutz’

x Por Jorge Ramos Tolosa, Liliana Córdova Kaczerginski, Aritz García Gómez 

La campaña de vacunación contra el covid19, o el documental “Generació Kibbutz”, son ejemplos del apartheid del Estado israelí y sus maniobras propagandísticas para negarlo.

En las últimas semanas, se han podido escuchar o leer grandes ovaciones a la eficacia del gobierno del Estado de Israel en aplicar la vacuna contra el covid. Pocas voces se alzan para interpelar con tímida voz a este concierto de alabanzas. ¿Y qué hay de las y los vecinos palestinos de Cisjordania y Gaza?

El IV Convenio de Ginebra establece que Israel es responsable de la salud y el material sanitario de la población palestina bajo colonización y ocupación desde 1967. Además, este convenio fundamental en el derecho internacional dictamina específicamente la obligación de la potencia ocupante de prevenir la propagación de pandemias. Igualmente, aunque se pudiera aducir que los Acuerdos de Oslo transfirieron a la Autoridad Palestina las cuestiones sanitarias, la infraestructura imprescindible para importar, distribuir y administrar la vacuna está bajo un estricto control israelí, el estatus internacional del IV Convenio de Ginebra prevalece sobre acuerdos como los de Oslo y todo el mundo sabe que Israel ha violado y viola estos sistemáticamente.

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Francia ante el yihadismo de su aliado turco

x Thierry Meyssan

Francia parece descubrir ahora, ya bastante tarde, que los yihadistas que perpetraron ‎atentados en suelo francés y otros que están preparando nuevos actos de terrorismo ‎actúan con apoyo de otros Estados, que sin embargo son “aliados” militares de Francia ‎en el seno de la OTAN. El rechazo de París a sacar de ese hecho las conclusiones que ‎se imponen en materia de política exterior hace estéril el proyecto de ley de lucha ‎contra el islamismo. ‎

El presidente francés Emmanuel Macron y el gobierno que dirige su primer ministro, Jean Castex, ‎han redactado un proyecto de ley que presentan como destinado a impedir la instrumentalización ‎de la fe musulmana con fines políticos. ‎

Ese texto, actualmente objeto de debate en la Asamblea Nacional, se articula alrededor de ‎‎4 ideas principales, siendo una de ellas la prohibición del financiamiento de asociaciones culturales por parte ‎de otros Estados. Todos están conscientes de que esos Estados son la cabeza del islamismo ‎mundial pero nadie ‎se atreve a precisar de qué Estados se trata.

Esos Estados son Turquía ‎y Qatar, teledirigidos por el Reino Unido y Estados Unidos. El hecho es que ningún partido ‎se atreve a abordar ese problema, lo cual hace inútiles todos los esfuerzos que se hagan en la ‎lucha planteada. ‎

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¿Nuevos aires corren sobre Yemen?

x Guadi Calvo

El pasado jueves cuatro de febrero, en su primer discurso como presidente de los Estados Unidos, respecto a lineamientos sobre política exterior, Joe Biden, anunció una remodelación, ya veremos cuan profunda, respecto a la relación con las monarquías del Golfo Pérsico, por los que algunas cosas, podrían cambiar en Yemen, el país más pobre de Oriente Medio.

Lo más relevante, fue el anunció de la posibilidad de dar marcha atrás con la decisión de Donald Trump, tomada el último día de su mandato, acerca de la designación como organización terrorista, a la organización chií Ansar-Allah (Partidarios de Dios) más conocido como Houthis, por el nombre de su fundador, asesinado en 2004, Hussein Badreddin al-Houthi. Mike Pompeo, el alucinado, Secretario de Estado de Donald Trump, justificó la medida de su jefe responsabilizando a los Houthis, por los ataques transfronterizos y para disuadir de su actividad “maligna” a la República de Irán, en la dirección de Ansar-Allah. Al tiempo que unas semanas antes, la administración Trump había levantado la designación de grupo terrorista a la milicia integrista china de la etnia uigurMovimiento Islámico del Turkestán Oriental (MITO), responsable de cientos de ataques terroristas tanto contra las fuerzas de seguridad de Begin como contra ciudadanos comunes, en procura de escindir la región autónoma occidental china de Xinjiang y establecer un estado islámico.

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Hezbolá polariza el Líbano

x Franz Altmann

El asesinato de un destacado activista político plantea interrogantes al grupo radical.

«¿Por qué hora? ¿Por qué de este modo y en donde Hezbolá controla políticamente?» Estas preguntas que se hizo el periodista Anthony Samrani en el periódico L’Orient-Le Jour son las mismas que se hacen muchos en el Líbano. «El partido chiíta se encuentra en un momento paradójico. Nunca fue tan poderoso en Líbano y en la región como hoy día, pero tampoco se le había cuestionado tanto su dominio.»

El motivo de la discordia: el pasado jueves en la mañana fue encontrado al sur del Líbano, balaceado, el reconocido publicista chiíta Lokman Slim. Slim estaba casado con la productora de cine Monika Borgmann y era considerado un crítico furibundo de Hezbolá. Criticaba frecuentemente la política autoritaria de la organización radical islamista en la comunidad schií y ponía en contacto a críticos chiítas con los opositores políticos que en diversos países catalogaban al «Partido de Dios» como una organización terrorista. Poco después de que fuera a dada a conocer la noticia sobre su asesinato estallaron diversas voces que señalaban a Hezbolá como autor del crimen, cuyo líder rechaza oficialmente cualquier tipo de involucramiento en el crimen.

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Se fue Trump. ¿Y ahora qué?‎

x Constantino Ceoldo

La derrota de Donald Trump al tratar de obtener un segundo mandato presidencial ‎devuelve la política exterior de Estados Unidos a senderos ‎aparentemente ya conocidos. Donald Trump fue el primer presidente de ‎Estados Unidos que no inició una guerra, algo inédito en los últimos 30 años, ‎mientras que el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, fue vicepresidente de un Barack Obama que recibió el premio Nobel de la Paz sin que nadie ‎sepa por qué. De hecho, ya con el Nobel de la Paz en el bolsillo, ese mismo Barack ‎Obama no vaciló en arrasar Libia bajo un diluvio de bombas, como tampoco vaciló en ‎sumir Siria en una guerra impuesta a través de mercenarios yihadistas, guerra que ya ha ‎durado 9 larguísimos años. El Nobel de la Paz Barack Obama también fomentó un ‎golpe de Estado nazi en Ucrania, que encontró –como respuesta defensiva– el regreso ‎de Crimea a la Federación Rusa y la secesión de las poblaciones de rusófonas del ‎Donbass. ‎

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Joe Biden: el sionismo enquistado en su gabinete

x Pablo Jofre Leal

La derrota del ex mandatario Donald Trump, en las elecciones presidenciales estadounidenses, del pasado 3 de noviembre del año 2020 generó en el mundo sionista un revuelo mayúsculo, presagiando que los cuatro años de apoyo incondicional de la administración Trump al régimen israelí, podría tener algunas dificultades bajo el nuevo gobierno demócrata.

Las voces agoreras se templaron, cuando comenzaron a aparecer los primeros nombramientos en los cargos gubernamentales de hombres y mujeres, del que sería el gabinete del nuevo mandatario estadounidense y reconocer en ellos a aliados políticos, dotados de la misma visión mesiánica y supremacista que vislumbra que el sostén financiero, político, diplomático, militar y cual padre putativo seguir protegiendo  al que considera su portaaviones  terrestre. Esto, como parte de su estrategia de dominio hegemónico cada día más a la baja en Asia Occidental. Biden se ha dotado de nombres surgidos del establishment, nadie que pueda generar escozor en el conservador mundo demócrata ni rasgar las vestiduras en los republicanos. Negros, latinos, creyentes judíos, sionistas a secas, representantes del mundo LGBT. No hay musulmanes, ni dirigentes del mundo político cercano a Bernie Sanders o a la parlamentaria Ocasio-Cortez. Nadie que pueda ser acusado de “socialistas o radicales” en la peculiar nomenclatura estadounidense. Pero destaca la presencia de numerosos estadounidenses de creencia judía y de ideología sionista.

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‎¿Quién está destruyendo el Líbano y ‎por qué?‎

x Thierry Meyssan

Durante las dos últimas décadas, el Medio Oriente ampliado ha sido teatro de ‎sangrientas guerras que destruyeron 5 Estados de esa región. Pero en Líbano, ‎los propios libaneses se han encargado de garantizar la destrucción de su país, ‎sin darse cuenta de lo que hacían. La resistencia libanesa no ha logrado impedir el ‎derrumbe del país. Queda demostrado que es posible ganar una guerra sin tener que ‎librarla. ‎

En sólo meses se ha derrumbado Líbano –país que a menudo nos presentaban, erróneamente, ‎como «el único Estado democrático árabe» o como «la Suiza del Medio Oriente». ‎Una ola de manifestaciones contra la clase política (en octubre de 2019), una crisis bancaria ‎‎(en noviembre de 2019), una crisis sanitaria (julio de 2020) y una monstruosa explosión en el ‎puerto de Beirut (agosto de 2020) han hecho desaparecer bruscamente la clase media al ‎provocar la caída del nivel de vida de los libaneses en un 200%. ‎

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Los frutos amargos de la Primavera Árabe

x Guadi Calvo

El resto de la historia es muy conocida, aquel día el sencillo vendedor de frutas, harto de los reiterados abusos policiales, se inmolaría frente a la comisaria, para morir unos días después, sin sospechar que su indignación iba a encender la dignidad de mucho de sus hermanos, que salieron a las calles a protestar por esa muerte y todas las muertes que la injusticia, la desigualdad y la arrogancia del poder, estaba provocando no solo en Túnez, sino a lo largo de todo el Magreb, llegado a modificar, de hecho, la geopolítica internacional.

Es obvio que Bouazizi es inocente de los cientos de miles o millones de muertes que se han sucedido y se suceden todavía detrás de la suya dejando un profundo río de sangre desde San Francisco, California, a las umbrosas selvas de Mindanao, Filipinas.

Desde aquella candente mañana de diciembre todo fue vertiginoso, las protestas que se iniciaron en Sidi Bouzid, no tardaron en abrazar a todo el país y poner en fuga al dictador Zine ben Ali, con veintidós años como presidente de Túnez y tras de él, no solo cayeron tiranos, como el egipcio Hosni Mubarak con treinta años al mando o Ali Abdulá Saleh, con solo veintiuno a cargo del ejecutivo yemení. Tres bajas sustanciales para occidente, que nada pudo hacer para mantener en sus cargos a esos aliados que fungían de virreyes de Washington y Londres, que junto a una importante cantidad de naciones desde Marruecos, pasando por las monarquías del Golfo y Jordania y Turquía funcionaban y siguen haciéndolo de escudo protector de Israel, y dique de contención a las políticas emancipadoras de Irán, por lo que en el marco de gran la operación trazada en realidad con otros fines por lo que la pérdida de esbirros como ben Alí, Mubarak y Saleh, debieron ser registradas como “daños colaterales”.

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Joe Biden y los crímenes de guerra

x Mark Aguirre

La guerra de Yemen significó un parteaguas en la estrategia de Estados Unidos en la región después del desastre de Iraq. Joe Biden dijo en campaña que si era elegido acabaría con esta guerra. Tiene en sus manos hacerlo. ¿Cumplirá su promesa?

¿Podrá acabar Joe Biden con la guerra de Yemen como ha prometido?

Yemen está en el umbral de lo que puede ser la peor hambruna conocida en décadas. Estamos hablando de la muerte miserable de millones de personas, la mayoría niños y mujeres, si no se pone fin a la guerra. Joe Biden, el Presidente electo de los Estados Unidos, tiene en sus manos hacerlo. Él mismo ha dicho en campaña que quiere acabar la guerra, pero ¿lo hará? ¿Podrá hacerlo?

En noviembre, durante la última reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en donde se discutió la crisis del Yemen, el jefe de la agencia humanitaria de Naciones Unidas, Mark Lowcock, volvió a quejarse de que los fondos para la ayuda humanitaria para Yemen se habían reducido drásticamente. De los 3.200 millones de dólares esperados solo se habían recogido 1.500, dijo. Puso la mirada en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, los países que iniciaron la guerra contra Yemen. Hasta entonces habían contribuido como se esperaba, pero este año habían reducido drásticamente su aportación humanitaria mientras seguían comprando armas como en el pasado.

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