Estados Unidos todavía no acepta que ahora China es su igual

x Martin Jacques

El Diálogo entre Estados Unidos y China en Anchorage, Alaska, ha sido muy revelador. Las fuertes críticas hechas a Estados Unidos por Yang Jiechi y Wang Yi, en presencia de los medios globales, sugieren un nuevo tipo de autoconfianza, en su creciente fuerza, por parte de China. Ciertamente tomó a Blinken y Sullivan por sorpresa. Mientras tanto, el mensaje de EEUU fue que Joe Biden está leyendo el libro de jugadas de Trump sobre China.

Aprendimos dos cosas del diálogo de alto nivel entre China y Estados Unidos celebrado en Alaska la semana pasada.

La primera fue al inicio cuando los medios de comunicación estaban presentes. Estos eventos normalmente se llevan a cabo de una manera educada y algo anodina, cubierta por cierto refinamiento diplomático. En este caso no podría haber sido más diferente.

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Las relaciones internacionales según Antony Blinken

x Thierry Meyssan

Washington no tiene opción, sus intereses siguen siendo los mismos. Pero sí ‎han cambiado los intereses de su clase dirigente. El nuevo secretario de Estado, ‎Antony Blinken, pretende por consiguiente continuar la línea adoptada desde que ‎el presidente Ronald Reagan recurrió a trotskistas para crear la NED: utilizar ‎los derechos humanos como arma del imperio… pero sin que Estados Unidos ‎los respete. Por lo demás, habrá que evitar pelearse seriamente con los chinos y tratar de ‎excluir a Rusia del Medio Oriente ampliado para poder continuar la guerra sin fin. ‎

La administración Biden ha realizado sus primeras acciones en materia de relaciones ‎internacionales. ‎

En primer lugar, el secretario de Estado, Antony Blinken, ha participado por videoconferencia en ‎numerosas reuniones internacionales, garantizando en todas a sus interlocutores que «America ‎is back» (“Estados Unidos ha regresado”). En efecto, Estados Unidos está posicionándose ‎de nuevo en todas las organizaciones intergubernamentales, empezando por la ONU. ‎‎

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Siria: Estados Unidos, de vuelta

x La Jornada

Estados Unidos realizó el jueves ataques aéreos en un punto de control fronterizo entre Siria e Irak. De acuerdo con el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH, opositor al gobierno de Bashar al Assad), los bombardeos dejaron al menos 17 muertos y destruyeron tres camiones de municiones entre milicias que apoyan a Damasco.

El portavoz del Pentágono, John Kirby, emitió un comunicado en el que reivindica el ataque, informa que fue efectuado por órdenes del presidente Joe Biden, y asegura que “esta ofensiva fue autorizada en respuesta a los recientes ataques contra el personal estadunidense y de la coalición en Irak, y a las continuas amenazas a ese personal”, en referencia a la muerte de un contratista civil y las heridas sufridas por un militar estadunidense el 15 de febrero en la ciudad iraquí de Erbil. El ministerio de Relaciones Exteriores sirio calificó los bombardeos como una agresión contra su país, y sostuvo que “constituye un signo de mal augurio sobre las políticas de la nueva administración estadunidense», que amenaza con llevar a una nueva escalada los enfrentamientos en la región.

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Joe Biden, Comendador de los ‎‎“verdaderos creyentes”‎

x Thierry Meyssan

Mientras que Estados Unidos se dirige inexorablemente hacia la guerra civil, ‎el presidente Joe Biden se apoya en los creyentes de izquierda de diferentes ‎confesiones. Biden ve a los electores de Trump como pobres gentes que ‎han perdido la fe y a quienes él tiene que volver a meter en el “buen camino”. A fuerza ‎de manipular las religiones, el Partido Demócrata está dividiendo el país, pero no entre ‎confesiones diferentes sino en función de una particular concepción de la fe. ‎El presidente Joe Biden pretende guiar a todos los estadounidenses por el sendero ‎trazado por Barack Obama. Pero en vez de ser un factor de apaciguamiento, está ‎radicalizando el debate político. ‎

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Trump sigue arriba del ring: los senadores demócratas no lograron condenarlo

x Alberto López Girondo

En el juicio político por «incitación a la insurrección», el oficialismo no obtuvo los 67 votos necesarios para sancionarlo y que no pueda volver a candidatearse.

Con la sensación de que los demócratas se metieron en una trampa de la que no sabían cómo salir, el expresidente Donald Trump resultó absuelto en el segundo juicio político en su contra. Luego de una jornada de idas y vueltas, en la que primero se decidió, por 55 a 45, llamar a nuevos testigos y demorar la definición sobre el proceso, finalmente un nuevo acuerdo abrió las puertas al debate final sobre el futuro de Trump. De lo que en realidad se trata, si fuera declarado culpable de “incitación a la insurrección” a raíz del ataque al Congreso del 6 de enero, es de si podría presentarse como candidato nuevamente. En este segundo intento, los demócratas consiguieron el apoyo  de sólo 7 republicanos, cuando necesitaban un total de 67 votos favorables al juicio político, 50 propios y 17 de la oposición.

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Biden y el complejo militar industrial

x John Saxe-Fernández

Sarah Lazare indicó: “Un tercio del personal reclutado por Biden para la transición gubernamental en el Departamento de Defensa o Pentágono, proviene de organizaciones-institutos, think-tanks, financiados por la industria armamentista”.

A pocos días de iniciado el gobierno de Biden, el panorama internacional permanece complejo y repleto de contrastes, con elementos positivos en materia de vacunas anti-Covid-19, el acuerdo para renovar el tratado para la reducción de armamento nuclear entre EE.UU. y Rusia, así como la expresión de satisfacción de la presidencia de la Unión Europea (UE) al canciller ruso Lavrov por la luz verde de Lancet a la vacuna Sputnik V. Esas luces pronto se opacan ante el justificado regaño de Lavrov de que la UE no es socio fiable casi en simultáneo con la agresividad de Biden con Putin, en una conversación de tenebrosa reminiscencia de la guerra fría que no acaba de terminar. Hay mucho contrato jugoso para la alta tecnología bélico-industrial alentada vía creación de enemigos y por el flujo de riqueza de contratos cost-plus como del B-21 de Northrop Grumman (CRS-R 4446).

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¿Nuevos aires corren sobre Yemen?

x Guadi Calvo

El pasado jueves cuatro de febrero, en su primer discurso como presidente de los Estados Unidos, respecto a lineamientos sobre política exterior, Joe Biden, anunció una remodelación, ya veremos cuan profunda, respecto a la relación con las monarquías del Golfo Pérsico, por los que algunas cosas, podrían cambiar en Yemen, el país más pobre de Oriente Medio.

Lo más relevante, fue el anunció de la posibilidad de dar marcha atrás con la decisión de Donald Trump, tomada el último día de su mandato, acerca de la designación como organización terrorista, a la organización chií Ansar-Allah (Partidarios de Dios) más conocido como Houthis, por el nombre de su fundador, asesinado en 2004, Hussein Badreddin al-Houthi. Mike Pompeo, el alucinado, Secretario de Estado de Donald Trump, justificó la medida de su jefe responsabilizando a los Houthis, por los ataques transfronterizos y para disuadir de su actividad “maligna” a la República de Irán, en la dirección de Ansar-Allah. Al tiempo que unas semanas antes, la administración Trump había levantado la designación de grupo terrorista a la milicia integrista china de la etnia uigurMovimiento Islámico del Turkestán Oriental (MITO), responsable de cientos de ataques terroristas tanto contra las fuerzas de seguridad de Begin como contra ciudadanos comunes, en procura de escindir la región autónoma occidental china de Xinjiang y establecer un estado islámico.

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Biden ¿La gran nueva esperanza para Colombia?

Gearóid Ó Loingsigh

El Partido Demócrata no es una organización anticapitalista, ni siquiera es una organización reformista

La reciente elección de Joe Biden como presidente de los EEUU ha renovado el discurso de los liberales sobre la naturaleza progresista del Partido Demócrata y una supuesta división real entre sectores de la burguesía norteamericana sobre asuntos de fondo. Por supuesto, hay diferencias, hay posturas distintas y propuestas económicas distintas, pero el Partido Demócrata no es una organización anticapitalista, ni siquiera es una organización reformista, es netamente uno de los dos partidos capitalistas que siempre ha dominado el país y uno de las alas del imperialismo gringo.

La historia política de Biden

Biden no es un político nuevo en los EEUU sirvió como senador entre 1973 y 2009, cuando asumió la vice presidencia bajo el gobierno de Obama. Su historia es relevante, y de su pasado podemos pensar qué clase de futuro nos depara una presidencia de Biden. Existe una ley que lleva su nombre Biden Crime Law, una ley que expandió la lista de crímenes que podrían ser castigados con la pena de muerte, entre ellos el tráfico de drogas, mientras el entonces presidente Clinton se dedicó a aumentar masivamente la población reclusa en al país, encarcelando a centenares de miles de negros por delitos menores de drogas. Clinton pasó a la historia como otro presidente «progresista» no obstante su legislación racista y su perdón presidencial a Harvey Weinig quien lavó USD 100 millones del Cartel de Cali, es decir, tanto Biden como Clinton propusieron castigar severamente a los pobres y ser indulgentes con los ricos.

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Se fue Trump. ¿Y ahora qué?‎

x Constantino Ceoldo

La derrota de Donald Trump al tratar de obtener un segundo mandato presidencial ‎devuelve la política exterior de Estados Unidos a senderos ‎aparentemente ya conocidos. Donald Trump fue el primer presidente de ‎Estados Unidos que no inició una guerra, algo inédito en los últimos 30 años, ‎mientras que el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, fue vicepresidente de un Barack Obama que recibió el premio Nobel de la Paz sin que nadie ‎sepa por qué. De hecho, ya con el Nobel de la Paz en el bolsillo, ese mismo Barack ‎Obama no vaciló en arrasar Libia bajo un diluvio de bombas, como tampoco vaciló en ‎sumir Siria en una guerra impuesta a través de mercenarios yihadistas, guerra que ya ha ‎durado 9 larguísimos años. El Nobel de la Paz Barack Obama también fomentó un ‎golpe de Estado nazi en Ucrania, que encontró –como respuesta defensiva– el regreso ‎de Crimea a la Federación Rusa y la secesión de las poblaciones de rusófonas del ‎Donbass. ‎

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Joe Biden: el sionismo enquistado en su gabinete

x Pablo Jofre Leal

La derrota del ex mandatario Donald Trump, en las elecciones presidenciales estadounidenses, del pasado 3 de noviembre del año 2020 generó en el mundo sionista un revuelo mayúsculo, presagiando que los cuatro años de apoyo incondicional de la administración Trump al régimen israelí, podría tener algunas dificultades bajo el nuevo gobierno demócrata.

Las voces agoreras se templaron, cuando comenzaron a aparecer los primeros nombramientos en los cargos gubernamentales de hombres y mujeres, del que sería el gabinete del nuevo mandatario estadounidense y reconocer en ellos a aliados políticos, dotados de la misma visión mesiánica y supremacista que vislumbra que el sostén financiero, político, diplomático, militar y cual padre putativo seguir protegiendo  al que considera su portaaviones  terrestre. Esto, como parte de su estrategia de dominio hegemónico cada día más a la baja en Asia Occidental. Biden se ha dotado de nombres surgidos del establishment, nadie que pueda generar escozor en el conservador mundo demócrata ni rasgar las vestiduras en los republicanos. Negros, latinos, creyentes judíos, sionistas a secas, representantes del mundo LGBT. No hay musulmanes, ni dirigentes del mundo político cercano a Bernie Sanders o a la parlamentaria Ocasio-Cortez. Nadie que pueda ser acusado de “socialistas o radicales” en la peculiar nomenclatura estadounidense. Pero destaca la presencia de numerosos estadounidenses de creencia judía y de ideología sionista.

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