Hezbolá polariza el Líbano

x Franz Altmann

El asesinato de un destacado activista político plantea interrogantes al grupo radical.

«¿Por qué hora? ¿Por qué de este modo y en donde Hezbolá controla políticamente?» Estas preguntas que se hizo el periodista Anthony Samrani en el periódico L’Orient-Le Jour son las mismas que se hacen muchos en el Líbano. «El partido chiíta se encuentra en un momento paradójico. Nunca fue tan poderoso en Líbano y en la región como hoy día, pero tampoco se le había cuestionado tanto su dominio.»

El motivo de la discordia: el pasado jueves en la mañana fue encontrado al sur del Líbano, balaceado, el reconocido publicista chiíta Lokman Slim. Slim estaba casado con la productora de cine Monika Borgmann y era considerado un crítico furibundo de Hezbolá. Criticaba frecuentemente la política autoritaria de la organización radical islamista en la comunidad schií y ponía en contacto a críticos chiítas con los opositores políticos que en diversos países catalogaban al «Partido de Dios» como una organización terrorista. Poco después de que fuera a dada a conocer la noticia sobre su asesinato estallaron diversas voces que señalaban a Hezbolá como autor del crimen, cuyo líder rechaza oficialmente cualquier tipo de involucramiento en el crimen.

Hezbolá ya se encontraba en el Líbano bajo crítica. Parte de la población cristiana de dicho país responsabiliza a Hezbolá de la crisis económica y de la doble explosión del pasado agosto en el puerto de Beirut. El rol frecuente que tiene Hezbolá en el control del puerto y en qué medida conocían el peligro de almacenar la sustancia es, hoy día, aún muy discutible. Una investigación de las causas de la explosión parece proseguir sin éxito. La ostentosa conmemoración por la muerte del general iraní Kassem Soleimani, el 5 de enero del año pasado, y el haber erigido una estatua en su honor en Beirut produjo una gran controversia. Con dicha acción, la organización fundada en 1985 demostró su fidelidad a Irán. Irónicamente, el partido acusa a los chíitas que piensan de otro modo, y que se atreven a criticar al partido, como agentes de embajadas extranjeras y como traidores, expresó el periodista Mohammad Yassine.

También de parte de las bases chiítas se critica a Hezbolá, como la que hacen los 13 diputados en la Asamblea Nacional. «Esta crítica proviene del círculo que tradicionalmente apoya la retórica del partido, ellos critican que Hezbolá no haya hecho nada en la lucha contra la corrupción en Líbano y que se hayan convertido, desde la intervención en Siria y en Iraq, en una milicia regional», opina Samrani. En enero, Kassem Kassir, un intelectual cercano a Hezbolá, cuyo hermano ocupa un prestigioso puesto en el aparato de la República Islámica de Irán, había pedido en una entrevista televisiva que el partido se distanciara de Irán. Posteriormente, bajo presión, tuvo que retractarse de sus declaraciones. «La gran pregunta en los círculos chiítas gira, actualmente, en torno a si el Líbano es una patria o un campo de batalla», escribe la periodista libanesa Jeanine Jalkh.

El asesinato de Lokman Slim podría polarizar aún más a la dividida sociedad civil sobre la cuestión en torno a Hezbolá. Slim habría llamado la atención en un artículo en octubre sobre el dilema de que el llamamiento de la comunidad internacional a la «estabilidad» en Líbano contradecía el hecho de que Hezbolá era el actor «estabilizador». Al mismo tiempo crecía la desconfianza de la población frente a la clase política «que habría llevado a un agujero social y económico al país. ¿Cómo puede estabilizarse el Líbano si su pueblo está abandonando el país y su estructura social y demográfica se encuentra bajo tal presión?»

Bloggers libaneses expresan dudas, en relación al atentado, en torno al esclarecimiento de la muerte de Slim: » Nunca sabremos quién mató a este hombre», escribió un blogger de nombre Najib en la página Baladi.com.

Traducción por: Red Crítica

Fuente: Neues Deutschland

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