Pandemia, ciencia y política: una defensa de la 4T

x Víctor M. Toledo

n tiempos de crisis, el conocimiento racional es el arma más poderosa para salir de ella. Siempre lo ha sido, junto con la cooperación y una visión pertinente de la realidad. Eso fue lo que sucedió con la historia de la humanidad. Los seres humanos somos una de las ocho especies y subespecies que pertenecen al género Homo, cuyos más antiguos registros se remontan a unos ­2 millones de años. Salvo nosotros, el resto de nuestros parientes más cercanos terminaron extinguiéndose. Somos la única y última rama viva de un árbol evolutivo, que no logró mantener a sus especies. Es muy probable que hayan sido el conocimiento racional y la cooperación las que permitieron a nuestra especie continuar existiendo por 300 mil años. Hoy ese conocimiento racional se llama ciencia y esta dimensión de la cultura humana se usa para dos cosas: o para mantener el doble sistema de explotación que una minoría de minorías (el 1%) mantiene sobre el trabajo de la naturaleza (depredación) y sobre el trabajo humano (parasitismo), o bien para la liberación de lo anterior y la defensa de la vida humana y no humana. La primera es la ciencia al servicio del poder corporativo, que en último término busca la ganancia y la acumulación y concentración del capital; la segunda es la que persigue el beneficio social y el respeto por la vida, y es la que se practica en buena parte de las instituciones públicas y en las universidades. De acuerdo con la Unesco (2015), existen casi 8 millones de científicos en el mundo. Los datos indican además una tendencia reciente a la privatización de la ciencia en numerosos países (Sudcorea, China, Alemania, EU, Turquía, Polonia, etcétera). En EU esta tendencia ha sido especialmente marcada. Mientras la relación entre la ciencia académica financiada por el gobierno y la ciencia corporativa era de 60-40 por ciento en 1965, hacia 2006 ésta se había invertido a 35-65 por ciento y alcanzó 30-70 en 2015.

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Caída histórica de petroprecios

x Israel Rodríguez, Julio Gutiérrez y Agencias

El mercado de petróleo en el continente americano colapsó ayer. Una situación inédita dominó gran parte de la jornada: los precios cayeron en terreno negativo, hecho que, en la práctica, significa que los productores deberían pagar a los consumidores para que se lleven el combustible.

Los contratos de venta del West Texas Intermediate (WTI), referencia en esta zona del mundo, para entrega en mayo cerraron con un precio negativo de 37.63 dólares por barril, pérdida de 55.9 dólares respecto del viernes. En el mercado spot, con entrega inmediata, la mezcla mexicana se negoció ayer también en un negativo de 2.37 por tonel, cuando el viernes era de 14.37.

Antes de ayer el precio más bajo que había registrado la mezcla mexicana era de 6.95 dólares por barril, el 10 de diciembre de 1998. Para 2020 el gobierno calculó un precio de 49 por tonel.

En el punto más bajo de la jornada, los futuros del WTI se negociaron en menos 40.32 dólares.

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Trump adapta la estrategia energética de ‎Estados Unidos‎

x Thierry Meyssan

Mientras la gran mayoría de la gente está ensimismada en las medidas de ‎repartición de la epidemia en el tiempo, la dinastía reinante en Arabia Saudita ‎cuestiona el poderío de su protector estadounidense. Riad y Washington libran una ‎prueba de fuerza que ya estaba desorganizando la economía mundial antes de que se ‎extendiera el coronavirus. El presidente Donald Trump se plantea apoderarse del ‎control del petróleo de Arabia Saudita y de Venezuela, lo cual parece haberlo llevado a ‎establecer nuevas alianzas. ‎

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COVID19 desconcierta a la modernidad

x Ollantay Itzamná

“Por sucios e ignorantes les mata el paludismo. Aséense y vayan a la escuela”…, así increpaba a unas familias campesinas una maestra de primaria en los Andes del Perú, en años recientes…

Nos bautizaron, nos civilizamos, nos urbanizamos, nos “modernizamos”, varios nos hicimos académicos… Estudiamos a Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Derrida, Foucault…

Ahora, estamos “auto encarcelados” en las prisiones que nosotros mismos compramos o construimos con nuestras manos. Ansiosos, asustados. Esperando la llegada o el paso del COVID19.

Estamos como en la última cena bíblica preguntándonos en nuestros adentros: “¿Seré yo Maestro?”. Pero, igual, el virus invisible y “omnipresente” no responde.

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