Alexandra Kollontai, constructora de los de derechos de la mujer proletaria

x OLEP/Fragua

CUANDO PENSAMOS EN LAS CLASES de historia de la primaria, secundaria o preparatoria, lo que nos viene a la cabeza son fechas, nombres, lugares, y acontecimientos siempre desligados de nosotros. Pero, la historia se encarga de relatarnos, de describirnos y de enseñarnos cómo era la sociedad de antes. Podemos hacerle muchas preguntas, por ejemplo: ¿cómo se vestían en la época de los abuelos o bisabuelos?, ¿cómo era la forma de cortejar cuando eran jóvenes nuestros padres?, ¿cómo se trasladaban de un lugar a otro cuando no había carros?

En fin, ¡todo lo que se te ocurra preguntar! Por eso hace mucho tiempo, los hombres y mujeres que vestían con “telas de forma rectangular que envolvían el cuerpo, sujetas a los hombros con alfileres y atadas a la cintura con un cordón o cinturón, formando una túnica”, o sea los griegos, la llamaban la maestra de la vida, porque les enseñaba lo que había pasado antes y entendían qué era lo que no había de repetirse para no caer en los mismos errores.

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Mujeres en la organización popular

x OLEP/Fragua

NUESTRO PROYECTO ORGANIZATIVO surgió desde hace seis años con la participación activa de compañeras.

Nunca nos planteamos tratos diferenciados, todos los integrantes de nuestra organización tenemos los mismos derechos y obligaciones; sin embargo, nos ha tocado aprender y crecer con nuestras compañeras, enfrentar los problemas propios de la vida y de la organización en torno a un proyecto que lucha por el socialismo.

Nuestras compañeras en este camino han enfrentado problemas en el trabajo, en el hogar, con algunos compañeros y compañeras; ellas son madres que intentan educar a sus hijos sin las ideas y actitudes de la clase burguesa; son hermanas, algunas proveedoras de sus padres, de sus hermanas o hermanos; son hijas que luchan contra las ideas que sus padres les inculcan (que por lo regular reproducen las ideas de la superioridad del hombre sobre la mujer); son esposas o novias que han enfrentado en algunos casos la desaprobación de su pareja por la participación en la lucha por el socialismo.

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La mano que mece la cuna en la UNAM, la propaganda y sus ayudantes

x Andrea Noriega Méndez

No fue sino hasta que el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró en su conferencia matutina, el 5 de febrero del presente año, que en la situación prevaleciente en la UNAM, de paros ilegítimos e impuestos, “había mano negra”, que muchos comentaristas comenzaron a hacer conjeturas y a elaborar especulaciones, muchas de ellas sumamente contradictorias entre sí, sobre quiénes serían aquellos personajes o grupos que estarían detrás de los grupos feministas radicales moviendo los hilos. Si bien, un día antes, el 4 de febrero, José Blanco publicaba en La Jornada el primer artículo[1] en un medio impreso a escala nacional, siguiendo a pie juntillas las ideas de mis dos primeros artículos, en donde señalaba la manipulación de las paristas por parte de grupos de poder que buscan desestabilizar a la UNAM, no fue hasta el día siguiente que comenzaron las variopintas especulaciones, justamente después de que fueran atacadas violentamente las instalaciones de Rectoría al culminar una marcha proveniente del parque de La Bombilla.

Las plumas mercenarias de los gobiernos anteriores, que aún siguen tergiversando la realidad, como la del periodista Salvador García Soto, comenzaron inmediatamente a señalar a MORENA como el responsable detrás de las paristas y de los grupos que, de manera violenta, ilegítima y autoritaria comenzaron a cerrar otros planteles educativos de la UNAM. Tomando como fuente el rumor “que corre entre académicos y profesores universitarios”, afirma que, “están las facciones más radicales de la izquierda universitaria que tiene vínculos políticos con personajes de Morena y de la 4T. [2] […] que se acercaron a Enrique Graue en su campaña por la reelección y le ofrecieron “un pacto” para apoyarlo a cambio de posiciones y de darle públicamente su respaldo, [quienes] estarían detrás de la movilización e infiltración de los “anarcos” y serían los autores intelectuales de la desestabilización.”[3]

Otro periodista, que también pertenece a las plumas mercenarias de los gobiernos anteriores, Raymundo Riva Palacio, intenta vincular a personajes como el Mosh o, al alcalde de MORENA de la alcaldía Gustavo A. Madero, Francisco Chíguil, con los grupos porriles, anarquistas y feministas que tienen tomadas las facultades y escuelas de la UNAM, sin embargo, concluye, “El Presidente no necesita un conflicto en una institución que, por su magnitud y diversidad, puede ser explosiva e incontrolable, por lo que pudiera descartarse, en principio, que cercanos a él estén buscando alterar la vida universitaria y lograr el descarrilamiento de Graue.”[4]

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La UNAM, los paros y el feminismo radical: no todo lo que brilla es oro

x Andrea Noriega Méndez*

Pese a ser una tarea inherente y fundamental, la izquierda casi siempre olvida la autocrítica. Señalar y cuestionar los objetivos, formas y métodos de los movimientos que se reclaman de izquierda o progresistas no constituye acto alguno de desprecio o traición hacia el conjunto de sus luchas. Sin embargo, en los tiempos que corren, se ha instalado paulatinamente una especie de autocensura en toda la izquierda que a la par de ir fortaleciendo discursos y prácticas que en apariencia son progresistas y libertarias (pero que en el fondo son profundamente reaccionarias, conservadoras y autoritarias) también ha ido perdiendo su capacidad de crítica al no querer, intencionalmente, cuestionar lo que se ha impuesto como el criterio último y absoluto de lo políticamente correcto. De tal manera que, cuando de analizar una situación concreta se trata, no se hace una lectura crítica, coherente y detenida para comprender dicha situación, pues, ya sea por miedo, cobardía o interés, se teme quedar expuesto, señalado y/o excluido por no hacerle comparsa a la moda dominante de lo políticamente correcto. Es ahí, entonces, en donde del análisis crítico se pasa a la apología o al silencio cómplice.

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